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Literatura y Actividad Cerebral 20-01-2018

Por Martina Ferreyra - 4321: Paul Auster regresó a lo grande con su último libro

Por Martina Ferreyra - 4321: Paul Auster regresó a lo grande con su último libro

Paul Auster ha sido siempre una lectura de reedescubrimiento. Un autor de novelas ideales como regalo para clases medias ilustradas. El artífice posmoderno del invento del "marketing" editorial llamado "bestseller de calidad". Un producto literario convencional repleto de azar, misterio y magia

Su editor actual, el sello Seix Barral del grupo Planeta, es plenamente consciente de todo esto y sobre cómo escribir Paul Auster y situó un elogio del escritor japonés y eterno aspirante al Nobel —en broma o en serio— en la faja de la edición española de la nueva novela de Auster después de siete años de silencio: 4 3 2 1

 

Cuando se conoció que el estadounidense regresaba con un libro de casi 1.000 páginas, el más extenso de la treintena que publicó desde que se presentó en sociedad en 1982 con "La Invención de la Soledad", el comentario habitual entre el lectores con permanencia fue algo así como "que raro".

 

Auster llevaba demasiado tiempo repitiéndose, ejecutando una y otra vez, en sus mejores y peores libros y en sus infumables películas, el truco habitual: un estilo eficaz sin subordinadas, ni pretensiones, sin contra escribier y un argumento que le cedía todo a la contingencia y a los lances inesperados del destino.

 

Pero con 4321, Auster, conciente antes que cualquiera de su repetición, sí va contra él y rompe su formato de escritura.

 

La Gran Novela Americana debe sumar un número de páginas que ronde el millar, una saga individual y/o familiar y una lección de historia americana a poder ser autocrítica. Lo curioso de la Gran Novela Americana es que, pese a las bromas, aún sea una aspiración a la inmortalidad literaria para la mayoría de los escritores de Estados Unidos.

 

La única y verdadera Gran Novela Americana parece aún ser "Moby Dick" pero el intento por alcanzar la cumbre generó grandes novelas. "4321" es una de ellas. 

 

Auster es contar y contar sin perder aire. Una aventura narrativa interminable que encaden aba largas frases unas con otras que no se fugaban hacia los rincones de la cotidianeidad.

 

Auster no puede dejar de ser Auster, esta claro, y brinda a la historia de Fergurson, que recorre la segunda mitad del siglo XX americano, en cuatro versiones diferentes. Pero eso es en realidad lo de menos aunque se roza con Thomas Pynchon.

 

Archie Ferguson nace en el seno de una familia de judíos descreídos de Newark, Nueva Jersey, el 3 de marzo de 1947, el mismo lugar en el que exactamente un mes antes nació Paul Auster. Su historia se devana en cuatro versiones que responden a la pregunta que tortura a nuestra especie desde que la evolución topó por casualidad con ese inquietante invento que llamamos conciencia o, sencillamente, remordimiento: ¿qué hubiera ocurrido si en lugar de hacer aquello hubiera hecho otra cosa?

 

"4321" ofrece así cuatro novelas en una, un cuádruple universo narrativo que sirve así una estructura indudablemente atractiva pero que importa menos que el gusto recobrado por contar y contar que posee a su autor.

 

Cuando se quiere elevar y distorsionar a la vez a Paul Auster, se lo compara con Kafka Beckett, pero la mejor manera de describir con su "4321", consiste en decir que nos encontramos ante un buen Roth.

 

En la novela de Auster, como en las de Roth, encontramos la peripecia y el drama de las familias judías americanas narradas por un inevitable trasunto del autor. En sus páginas se despliega la historia americana que arranca con el optimismo posbélico y llega a su punto culminante con el movimiento de los derechos civiles que anega el país de ruido y furia de Faulkner a caballo entre los cincuenta y los sesenta.

 

Según ha explicado Auster en entrevistas recientes: "La América de los cincuenta fue para mí una época feliz. Mi gran pasión fue siempre el deporte, aunque paralelamente desarrollé un interés desaforado por la lectura, cosa hasta cierto punto inexplicable, pues en mi casa no leía nadie".

 

El escritor afirma a sus 70 años que ha necesitado "toda su vida" para alcanzar esta novela y duda de si tendrá fuerzas suficientes para escribir alguna más. Pero 70 años no son nada hoy y nosotros no tenemos prisa. Si necesita otros siete más para largarse otro novelón como "4321", haremos hasta lo imposible para esperarlo. 


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