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La Historia Argentina Necrolófica 28-10-2017

Fernández Capitán Gandhi Alvariño, el hombre que tenía la cabeza de Juan Duarte sobre el escritorio

Fernández Capitán Gandhi Alvariño, el hombre que tenía la cabeza de Juan Duarte sobre el escritorio

La loca historia del hermano de Evita. Conocida por pocos, la atraviesa la necrofilia, el rencor y la necesidad de revancha. Tristísimo.

 

El 26 de julio de 1952, muere Evita y su hermano, Juan, un bon vivant, queda aislado aunque conservaba su cargo: secretario privado del presidente de la República. Caen sobre él sospechas fuertes de corrupción. La oposición las saca a relucir. Y el Presidente Juan Domingo Perón toma la cadena nacional el 6 de abril de 1953 y: "Aunque sea mi propio padre, irá preso porque robar al pueblo es traicionar a la Patria". 

 


Tres días después, a Juancito, como lo llamaba su hermana fallecida, aparece "suicidado" en su habitación del departamento que tenía en el quinto piso de la avenida Callao 1944. Al entrar su mayordomo con la bandeja del desayuno, Inajuro Tashiro, Duarte estaba en medio de un charco de sangre, vestido con calzoncillos, camiseta y medias. Una flor en la sien derecha y una carta de despedida explicaba su decisión. Estas dos señales generaron sospechas. ¿Suicidio o asesinato? Las especulaciones de entonces, como también funcionan actualmente, no pararon. Se decía que a Juancito lo habían tiroteado por la espalda cuando intentaba huir del país junto a Elina Colomer o que el cuerpo no era de Duarte y que se se encontraba viviendo en Suiza

 

Para que no queden dudas que se había pegado un tiro, en 1955, luego del golpe militar que derrocó al presidente Perón, Próspero Germán Fernández Alvariño, conocido como el Capitán Gandhi, junto a otros compañeros, exhumó el cuerpo de Juan Duarte sin orden judicial, le cortó la cabeza (sierra y guantes, supongo), y la puso sobre una bandeja tapada por un pañuelo en su oficina para que todos los que lo visitaran pudieran comprobar que había sido asesinado. 

 

Así lo cuenta el historiador José María Rosas en su biografía. No tiene pruebas, pero lo narra. Y cuenta cómo Fernández Alvariño tenía fama de absoluto "antiperonista" porque tenía la cabeza de Juancito en su escritorio. Si fue un mito o una realidad, a la fecha es imposible saberlo, pero en aquellos tiempos se lo daba por cierto. Y esa certeza causaba admiración. Admirar esto fue y es terrible. Este ojo por ojo generó la Resistencia y la Resistencia, frente al recambio generacional, derivó en el surgimiento de los movimientos guerrilleros con el Partido Justicialista y Perón proscriptos.

 

Fernández Alvariño no era un tipo más de la Revolución Libertadora. Había sido uno de los jefes de los grupos parapoliciales antiperonistas o comandos civiles, que cruzó fuego con las Fuerzas Armadas y de Seguridad en el golpe fallido de junio y el efectivo de septiembre de 1955 que se instaló como Revolución Libertadora. 

 

El Capitán Gandhi, famoso en aquel tiempo, trabaja para la Policía Federal. Había sido maestro de escuela y recalado en la Universidad de Buenos Aires para estudiar medicina. Peleó contra los nacionalistas llamándolos nazis, comenzó a sufrir marginación hasta que al fin se "enroló" en los comandos paramilitares. 

 

Intentó juzgar al historiador José María Rosas, obviamente por nazi, y durante el juicio, el papelón del "Capitán Ghandi" fue tan grande que generó una sátira en la revista "De Frente" con una caricatura imperdible, en la que las medallas eran tapitas de Coca Cola.

 

"De Frente" jamás volvió a salir, pero desde ese día el "Capitán Ghandi" tampoco pudo mantener su oficina en la sede Central de la Policía Federal. 


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